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Cómo imaginamos el futuro
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Hace pocos días descubrí un pequeño documental, de apenas 10 minutos de duración, donde explican el trabajo de científicos, ingenieros y artistas en la ya clásica película «2001: una odisea del espacio» (título con el que se distribuyó en España), dirigida por Stanley Kubrick en 1968. La película estaba basada en un relato de Arthur C. Clarke titulado «El centinela», publicado en 1948.

Durante esos 20 años transcurridos entre la publicación del relato original y la realización de la película la imagen de lo que sería el futuro en 2001 habrá cambiado bastante. El año 2001 podría parecer muy lejano a un Arthur C. Clarke desde su perspectiva de 53 años antes, mientras que Kubrick ya contaría con mejores referencias (sociedad, tecnología) 33 años antes.

El documental al que hacía referencia antes se titula Making 2001: A Space Odyssey, y data (igual que la película) del año 1968.

Además del trabajo tras el diseño de la nave, de los trajes y cascos, las monturas de las cámaras y demás cuestiones técnicas de la película, me llama la atención justo el inicio del documental. Ese maletín que simboliza el teletrabajo, la posibilidad de llevar toda la información siempre contigo y comunicarte con tu oficina desde cualquier lugar, con ese teléfono (con cable) y ese teclado (máquina de escribir) que es capaz de enviar información a través del espacio electrónicamente y, por supuesto, una pantalla de televisión en el propio maletín. Termina la escena con al frase «Este es un ejemplo de cómo será la vida en el año 2001».

Quizás este maletín era lo que en 1968 podrían imaginar como un futuro ordenador personal conectado a algo así como la red internet. Curiosamente la primera vez que se habló de un ordenador personal fue pocos años antes, en 1964, en un artículo publicado en la revista New Scientist. Este artículo fue uno más de una serie titulada «El mundo en 1984». De nuevo, fantanseando sobre cómo sería el futuro. Y es que nunca dejamos de fantasear sobre eso.

Recuerdo que cuando era niña, en los años 80, había una colección de libros de la editorial SM que tenía unas ilustraciones alucinantes sobre cómo sería el futuro. La colección se titulaba «El mundo del futuro». Mi hermano tenía un volumen de esa colección y recuerdo especialmente las páginas donde había ilustraciones de cómo serían los trenes y los coches (voladores, of course) del futuro. En ese momento yo estaba convencida de que en el año 2000 todos vestiríamos con un mono plateado y no tendríamos pelo. 🙂 Fantasías de niña que no sé en qué se basaban, pero recuerdo que siempre repetía eso a mi madre. Menuda decepción cuando cambiamos de siglo y nada de eso formaba parte de nuestra vida cotidiana. 🙂

Seguramente lo más parecido al maletín-oficina del documental es la combinación de un ordenador portátil con conexión a internet y un teléfono móvil. El primer ordenador portátil con pantalla se fabricó en 1981 y se llamaba Osborne 1. No fue muy popular. Fue el ordenador Epson HX-20, que se desarrolló también en 1981, el primero que se popularizó ya en 1983, pero este no contaba con pantalla. Teniendo en cuenta que el PC que utilizaban en la NASA en 1969 para lograr que un hombre pisara la Luna, el Programma 101, no tenía pantalla, y que no sería hasta el año 1976 cuando se popularizaría el uso de una pantalla en un ordenador (no portátil) con la llegada del Apple I, la idea de la pantalla en el maletín del documental es bastante rompedora para la época. Para la conexión entre ordenadores no hubo que esperar mucho más desde la fecha del documental, pues la red Arpanet funcionó por primera un año después. Eso sí, no hay que confundir Arpanet con la WorldWideWeb, que es lo que todos conocemos y comenzó a funcionar en 1990. En cuanto al teléfono móvil, el primero que apareció en el mercado, en el año 1983, fue el Motorola DynaTAC 8000x, un ladrillo de 33 cm de largo, 800 gramos de peso y un precio de casi 4000 $. Por lo tanto, para llegar a tener algo similar a la oficina móvil planteada en el documental, aunque con muchas más limitaciones de las que tenemos ahora, habría que esperar al año 1983, no a 2001. El aspecto de todo el sistema habría sido bastante diferente al del teléfono con cable y la máquina de escribir. Simplemente todo se imaginó en base a lo que se conocía y pocos podrían imaginar que la ciencia y la tecnología avanzara tan rápido entre finales del siglo XX y principios del XXI.

Me da la sensación de que hoy en día no nos atrevemos tanto a vaticinar cómo será la tecnología del futuro como sí lo hacían hasta la década de 1980. Da un poco de vértigo pensar hacia dónde nos llevará el conocimiento. Estamos en 2016 y escribo esto desde un ordenador portátil con el que puedo acceder a toda la información que necesito para escribir este post. Tengo puesta una pulsera que monitoriza mi actividad, me puede mostrar cómo dormí anoche, y me acaba de avisar de que es hora de irme a la cama. A mi lado tengo un teléfono móvil y una tablet que tienen mucha más capacidad de proceso y memoria que algún ordenador que he tenido anteriormente. A apenas dos metros de mí tengo un robot que es capaz de limpiar el suelo de toda la casa sin necesidad de intervención humana. ¿Qué nuevos dispositivos tendremos dentro de 10 años? A mí me cuesta imaginarlo, pero en cuanto a avances que tengan repercusión en nuestra vida diaria tengo claro que lo que más me gustaría es que se avanzase en la tecnología de los tejidos. Me encantaría que usemos ropa de tejidos muy técnicos, que sea muy cómoda, que dure tanto que no haya que salir a comprar a tiendas de ropa en mucho tiempo, que se adapte a los cambios de temperatura, y que lo habitual sea usar ropa muy uniforme con lo que no habría que perder tiempo en elegir el modelito del día. Con esto me doy cuenta de que mi sueño para el futuro no se aleja mucho del que tenía de niña.

¿Cuál es tu idea de cómo será nuestra vida en el futuro en cuanto a la tecnología se refiere?




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About

Soy profesora e investigadora. Me gusta la divulgación científica, la música, leer, la programación, la tecnología, el running, la gente amable, sencilla y con buen humor. Siempre aprendiendo algo nuevo.

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