Mi blog personal sobre investigación y divulgación
Tag Archives: ciencia
Mi reivindicación por el Día Internacional del Cáncer de Mama 2016

Mañana es el Día Internacional del Cáncer de Mama. Muchos nos pondremos algo rosa, gesto con el que obviamente no conseguimos lo que de manera práctica podría terminar de paliar el problema (avances científicos), pero es un guiño, un gesto necesario de apoyo a todas las personas afectadas. Si la prenda o accesorio rosa que te pones se la compras a una asociación que necesita fondos para algo relacionado con la enfermedad, claro que así sí ayudas mucho más. Te invito a hacerlo.

El año pasado yo reivindicaba que se necesitan más fondos para investigación en el tema. En España la situación ha pasado a ser algo más que lamentable en cuanto a la apuesta por la investigación, como ya se comprobó en el 2013 con los despidos en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, por poner un ejemplo. Esta vez mi reivindicación va un poco más allá: no solo se necesita dejar trabajar tranquilos y con buenos medios a los científicos que podrían llegar a tener la solución en sus manos, sino que necesitamos hacer ver a toda la sociedad que hay charlatanes aprovechándose de los demás vendiendo supuestas curas y productos milagro: Josep Pámies y su planta milagrosa (solo por nombrar al charlatán mayor del reino ahora mismo), libros de dietas supuestamente anticáncer en el top ventas donde se pueden leer auténticas barbaridades, el timo por definición que es la homeopatía, la secta de la bioneuroemoción culpando a los propios enfermos de todos sus males, el reiki y un largo etcétera de pseudociencias.

Sí a la investigación científica. Sí a la prevención. Sí al apoyo total a los afectados (enfermos, familiares y amigos). No a las pseudociencias.

¿Interesa cada vez menos la ciencia?

Hoy en día el interés de la población por ciertos temas puede medirse gracias a las tendencias de búsquedas en Google. Estamos acostumbrados a buscar información a través de este popular buscador, por lo que los datos de la evolución temporal del número de búsquedas de un término en Google da buena cuenta de cómo evoluciona el interés de un tema entre los usuarios de internet.

Hoy se me ha ocurrido la idea de buscar cómo evolucionan las búsquedas de la palabra “ciencia”. Con todo el esfuerzo en divulgación científica que muchas personas e instituciones están haciendo, y con tanta facilitad que tenemos ahora para acceder a información de corte científico, supongo que el interés en la ciencia será creciente. He utilizado la herramienta Google Trends para comprobarlo y me he llevado una sorpresa que explicaré más abajo.

Google Trends es una web de Google en la que puedes introducir un término de búsqueda y la web te devolverá cifras sobre la cantidad de veces que los usuarios introducen ese término en su buscador. Puedes filtrar por tipo de búsqueda (en web, en imágenes, en noticias, en vídeos o en tiendas), por diversas categorías, por fechas y por países. Esta herramienta también te permite hacer comparaciones entre diferentes palabras. Google Trends es muy usada por las personas que tienen páginas web y buscan escribir sobre los temas que realmente están interesando a los internautas, bien por resultar útil o simplemente por conseguir más visitas a sus páginas. Es una herramienta habitual para los que buscan nichos de mercado a los que dedicar sus webs y maximizar sus ganancias en webs monetizadas.

Pues bien, busco la palabra “ciencia” (así, en español), para búsquedas en todos los países del mundo, desde el año 2004 hasta hoy y solo para búsquedas en páginas web. Lo primero que obtengo es una serie temporal donde se indica el nivel de popularidad del término. Un 100 en el eje vertical significa máxima popularidad y un 50 significa que las búsquedas de esta palabra se han reducido a un 50% del valor máximo. Esta es la gráfica:

Como puedes ver, da la impresión de que la tendencia en las búsquedas de la palabra “ciencia” ha disminuido progresivamente desde el año 2004 hasta ahora. El interés máximo en las búsquedas de esta palabra ocurrió en septiembre de 2004. Todos los años hay picos en el número de búsquedas de este término, curiosamente casi siempre coincidiendo con los meses de agosto y septiembre, pero esos máximos cada vez son más bajos. En agosto de 2016 el valor es de 55 frente al 100 de septiembre de 2004. Para mi sorpresa, y en contra de lo que esperaba encontrar, las búsquedas de la palabra “ciencia” en Google decaen, lo que da una pista de que el interés por la ciencia de la población con acceso a internet está decayendo.

Vayamos ahora a los datos por países. Google Trends nos puede dar información de en qué países se realizan más búsquedas (en relación al total de búsquedas de cualquier palabra en ese país) usando la palabra que queremos examinar.

 

Con los datos en la mano, queda claro que Cuba es el país que ocupa el primer lugar en cuanto al interés de su población por la ciencia frente a cualquier otra cosa que en ese país busquen en Google. Ocupa el primer lugar asignándole Google Trends un valor 100, mientras que el segundo lugar lo ocupa República Dominicana con un valor de 59. Con un nivel similar de interés a algunos países hispanohablantes (por ejemplo, México), encontrarás a Mozambique y a Angola, donde se habla portugués y la palabra “ciencia” se escribe prácticamente igual. ¿Y qué ocurre en España? Pues ocurre que nuestro valor en interés de búsqueda es un escaso 21, algo que personalmente me parece muy triste y muy mala señal para este país. En cuanto a Estados Unidos, país donde sabemos que hay una gran comunidad de personas que hablan el idioma español, la situación parece mucho peor, con un valor de 1 en el interés de búsqueda, pero no me arriesgaría a concluir nada sobre este dato porque los hispanohablantes de ese país es posible que hagan sus consultas en Google en inglés.

Esta es la serie temporal que muestra el interés por la búsqueda de la palabra “ciencia” en España a lo largo del tiempo, desde el 2004 hasta la actualidad.

Aterrador, ¿verdad? El máximo interés ocurrió en octubre de 2004 (valor 100). Desde 2001 se registran valores inferiores a 20, coincidiendo con los periodos vacacionales, justo cuando a nivel global veíamos que se producen los máximos. Da la impresión de que a nivel global en verano se hacen más búsquedas sobre ciencia, mientras que en España la famosa “desconexión” en la playita hace que ni busquemos información sobre el tema. La disminución tan pronunciada en el interés de búsqueda entre enero de 2004 y agosto de 2006 creo que merece un estudio por sí sola. En un primer momento pensé que podría tener algo que ver con la crisis económica (¿menos personas con acceso a internet? ¿menos interés en la búsqueda de empleo en ciencia por los recortes que sufrimos?), pero esta no tiene relación porque se considera que la crisis económica española actual comenzó en 2008.

Muy bien, esto es lo que encontramos para países de habla hispana. ¿Ocurre lo mismo si hacemos el análisis con la palabra “science”?

Pues sí, ocurre lo mismo, aunque el interés parece haberse estabilizado más desde 2011, y las fluctuaciones dentro de un mismo año son menores. Los mínimos tienen valores algo mayores que con la palabra “ciencia” y los máximos menores.

Así están las cosas. Si las búsquedas en Google son un indicador fiable del interés de la población por un tema, como así aseguran los buscadores de nichos de mercado, el panorama es muy feo. Yo creía que el interés iba a más, pero estaba completamente equivocada. Algo hay que hacer para acabar con esta tendencia global al desinterés por la ciencia.

ACTUALIZACIÓN

Un investigador me ha hecho un comentario que he considerado muy interesante. Él tiene sus dudas de que este análisis responda a mi pregunta inicial, porque me comenta que no cree que las búsquedas de temas relacionados con ciencia suelan incluir precisamente la palabra “ciencia”. Me pide que analice qué ocurre con conceptos científicos más específicos, como por ejemplo “cambio climático”, “biología”, o “relatividad einstein” Esto es lo que he encontrado:

Las búsquedas a nivel global del término “climatic change” (cambio climático) claramente han disminuido y desde 2013 parece que se mantienen relativamente estables pero son muchas menos que antes del 2008. En español parece que hay cierto repunte al alza desde el 2014, no llegando a alcanzar los valores de picos acontecidos en 2007 y en 2010, pero al menos parece que hay una cambio de tendencia.

Veamos qué ocurre si buscamos “relatividad einstein”, “relatividad general” o “relatividad especial”:

Hay términos que por sus tendencias de búsquedas denotan quién usa Google para buscar información sobre ellos. Por ejemplo, veamos qué ocurre si analizamos las tendencias en el interés de búsquedas de la palabra “mitocondria”:

Claramente estas búsquedas son hechas por escolares, pues el interés se mantiene estable a lo largo de los años y los mínimos en la gráfica aparecen sistemáticamente en julio y en diciembre.

Otros términos relacionados con noticias recientes obviamente tendrán valores altos en los últimos datos del eje horizontal. Un ejemplo, con “ondas gravitacionales”:

Otro ejemplo, con el famoso bosón de Higgs. El máximo puede observarse claramente en julio de 2012, coincidiendo con el anuncio del CERN de la observación de esta partícula. Luego el interés ha tenido sus picos, pero en general ha decaído muchísimo respecto a esa fecha de julio de 2012.

Creo que está claro que hay términos relacionados con la ciencia que siempre tendrán un número relativamente estable de búsquedas en Google, debido a que están relacionados con asignaturas en las que los estudiantes buscan internet como fuente de información. También que hay otros términos que obtienen su máximo de búsquedas cuando se produce una noticia llamativa en relación a ellos, pero luego el interés decae mucho. Por último, mi conclusión es que “ciencia” es una palabra que en Google Trends nos da una buena idea de cuál es el interés general en el tema (noticias sobre ciencia, libros de ciencia, trabajo en ciencia, información sobre ciencia, …), por lo que los datos indican que se pierde interés en el conocimiento de cómo funcionan las cosas. Una pena.

 

Ciencia por encima del nivel de las nubes

El pasado día 18 de junio asistí al IV Seminario de ACOMET (Asociación de Comunicadores de Meteorología) que tuvo lugar en el Observatorio de Izaña. En el salón de actos del observatorio pudimos disfrutar de varias e interesantísimas charlas donde se explicó su historia y los diferentes programas de observación que en él se llevan a cabo, todo de la mano de profesionales del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña, colegas míos de mis días en los que trabajaba allí, hasta hace algo menos de dos años.

Esta fue una jornada en la que, además de las charlas, disfrutamos de una visita guiada a diferentes laboratorios del Observatorio, en un día con condiciones meteorológicas espectaculares. Hice muchas fotos de este precioso día y he querido traer algunas aquí. Que sirva como muestra de la belleza del entorno del Observatorio de Izaña, un desconocido para muchísima gente de la propia isla de Tenerife, que no son conscientes de tener en casa un laboratorio ideal para monitorizar la atmósfera haciendo ciencia por encima del nivel de las nubes.

Arrow
Arrow
ArrowArrow
Slider


¿Qué esperamos de los conocimientos científicos de los políticos?

Esta semana ha sido noticia la respuesta que el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, ofreció a un periodista durante una rueda de prensa. Trudeau se encontraba en el Perimeter Institute for Theoretical Physics (Waterloo, Ontario), instituto de investigación al que el gobierno canadiense ha concedido una financiación de 50 millones de dólares para 5 años. Uno de los periodistas, al llegar su turno de pregunta, bromeó acerca de su intención de preguntarle a Trudeau sobre computación cuántica y, en ese momento, el Primer Ministro respondió esto:

En el vídeo puedes ver cómo Justin Trudeau ofrece una explicación básica sobre la diferencia entre un ordenador normal, como los que utilizamos todos los días, y un ordenador cuántico. Explica por qué la computación cuántica ofrece ventajas, ya que los estados cuánticos permiten codificar información más compleja que meros ceros y unos en un bit de información. Todo esto, entre aplausos (incluso antes de comprobar si lo que iba a decir era correcto), caritas arrogantes del protagonista y más aplausos. Lo cierto es que lo que ha explicado está bien, y tiene mérito explicarlo de manera tan sencilla. El caso es que tanto aplauso y tanta difusión en los medios me hace pensar que en general esperamos muy poco de los conocimientos científicos de los políticos.

Justin Trudeau es licenciado en literatura inglesa y en educación. Según he podido leer en Wikipedia, fue profesor de francés y de matemáticas antes de comenzar estudios de ingeniería (solo un año) y luego estudió un máster en geografía medioambiental. Está claro que es un hombre muy preparado. Puede perfectamente estar interesado en la ciencia y la tecnología más allá de las áreas de conocimiento que ha estudiado, y sin duda tendrá muy buenos asesores que le proporcionen información relacionada con los sitios que visita. No dudo que supiera de qué estaba hablando en la famosa rueda de prensa, si bien me pareció una respuesta muy ensayada, que es mucho mejor que no saber responder. Supongo que la mayoría coincidiremos en que no es tan difícil que una persona con su preparación y los medios con los que cuenta responda correctamente a la pregunta del periodista. Entonces, ¿por qué tanto revuelo por esta respuesta? ¿Por qué se le da tanto mérito?

Me temo que la respuesta es que simplemente estamos acostumbrados a que los políticos (los nuestros y los de los demás) no hablen de ciencia. Sabemos, por la atención que la mayoría le prestan, que ni les interesa la ciencia. No muestran públicamente curiosidad por ella. No contribuyen a la importante tarea de la divulgación científica, escenario donde quizás solo recordemos a Al Gore. Cuando uno lo hace, como esta vez el Primer Ministro canadiense, parece una proeza digna de alabanza. Nos sorprende que un político sepa algo sobre ciencia.

Esto me lleva a preguntarme cuántos políticos han tenido o tienen formación (no ya solo curiosidad) científica. De entre los más conocidos en Europa y España, Angela Merkel es Doctora en Física, como lo es también el español Javier Solana (ex-ministro socialista y ex-Secretario General de la OTAN, entre otros muchos cargos), o el hispano-argentino Pablo Echenique, secretario de Organización de Podemos. Margaret Thatcher se graduó en Química, disciplina en la que también se doctoró Alfredo Pérez Rubalcaba. Gaspar Llamazares es médico, y Cristina Garmendia es Doctora en Biología. Seguro que hay más líderes de estados, ministros, y por supuesto más políticos locales, con formación científica, pero cuesta mucho identificarlos, por lo que sospecho que muchos no serán. Solo en China puede verse una cierta inclinación de la balanza hacia profesiones científicos-técnicas en su líderes políticos, como es el caso de Hu Jintao (Presidente entre 2003 y 2013), que es ingeniero hidráulico, Jiam Zemin (Presidente entre 1993 y 2003), que es ingeniero eléctrico, o Wen Jiabao, ingeniero geólogo, Premier del país y Secretario del del Partido de su Consejo de Estado. Como dato revelador, en el año 2009 de los 9 miembros del Comité Central del Partido Comunista de China, 8 eran ingenieros y el restante era un abogado.

En el año 2009 el diario The Economist publicó esta estadística sobre los políticos y sus profesiones, donde queda claro que la mayoría han estudiado leyes, son del área de empresa, diplomacia, o militares. En los últimos puestos están los médicos, los profesores y los ingenieros. No aparecen profesionales de la investigación en ciencias como la física, la química o la biología.

políticos y profesiones

Obviamente, los investigadores y profesores de ciencias también tenemos nuestras inclinaciones políticas, como cualquier ciudadano. Entonces, ¿por qué hay tan pocos en primera fila política? En primer lugar diré que veo claro que entre legisladores van a primar las personas que estudiaron precisamente leyes. Veo lógico que sean los más dispuestos y con más vocación para dedicarse a la política, por lo que no me choca que estén en los primeros puestos en la gráfica anterior. El caso de la ausencia de científicos creo que es debido a que dedicarse a la ciencia supone tener un trabajo tan absorbente, tan absolutamente a tiempo completo en el más amplio sentido de la palabra (vamos, que no hay horario), que no permite fácilmente invertir tiempo en militancia política, además de ser un trabajo muy vocacional. La concentración en la ciencia es vital, y quien haya forjado una carrera investigadora en ciencia no arriesgará fácilmente a descolgarse de la carrera por invertir tiempo en la política. Esa es mi hipótesis.

Independientemente de la explicación que pueda tener el hecho de que no hayan muchos científicos en política, lo cierto es que se ve necesario que sí los haya. Los aplausos a una simple explicación sobre un tema relacionado con ciencia y tecnología dan cuenta de lo lejos que estamos de asumir que un político debería tener cierta cultura general, que incluye cultura científica básica, pues también va a legislar y a repartir partidas presupuestarias que afectarán a la ciencia. Necesitamos más políticos que sepan de ciencia.

Cuando Major Tom viajó de verdad al espacio

El día 10 de enero de 2016 nos sorprendía con una noticia inesperada: el fallecimiento del músico (entre otras cosas) inglés David Bowie, con solo 69 años. Las redes sociales y los medios de comunicación se llenaron de improvisados homenajes y, por qué no decirlo, de mucho postureo, como ocurre cuando muere casi cualquier famoso. Justo unos días antes de esta noticia yo había leído un interesante post aquí sobre la historia de unos ratones de laboratorio que viajaron al espacio y que tenían nombres procedentes de canciones de David Bowie.

En abril de 2013 una expedición de 45 ratoncillos viajó a bordo de un módulo Bion M-1 lanzado con un cohete Soyuz-2, desde el cosmódromo de Baikonur (Rusia), hasta situarse en una órbita a 575 km de la Tierra. Allí permanecieron durante 30 días. Su misión era demostrar que, como grandes cosmonautas que eran, podían sobrevivir sin la luz del sol, sin la comida en su forma habitual, sin agua, con una protección mínima a la radiación, sin asistencia médica…sin muchas cosas pero, sobre todo, sin gravedad.

Bion M1 Soyuz 2

Lanzamiento de cápsula Bion M1 en cohete Soyuz 2. Fuente: Space Shuttle Almanac

¿Y por qué hacer pasar este mal trago a los pobres ratones? Pues porque los ratones, por increible que parezca, comparten el 95% del material genético con los seres humanos, con lo cual es muy útil saber cómo sobreviven a condiciones extremas en un viaje al espacio, que podrían ser similares a las que soportaríamos los humanos en el futuro, por ejemplo en misiones a Marte.

Los 45 superratonones cosmonautas fueron elegidos entre 300 candidatos, habiéndoles sometido a diversas pruebas que evaluaban su compartamiento, su inteligencia y su actividad locomotora. A 5 de esos ratones les realizaron implantes en el corazón para monitorizarlos.  Fueron esos 5 ratones los que tuvieron el honor de ser bautizados con nombres relacionados con canciones de David Bowie: Major Tom, Space Invader, Spider from Mars, Space Boy y Ziggy Stardust. Cada uno de ellos fue colocado, junto con otros compañeros a los que los científicos solo mantuvieron un número como nombre, en un compartimento cilíndrico equipado con cámara cual Gran Hermano, dispensador de comida, una lámpara que emulaba la luz solar y un sistema para alejar de ellos la suciedad que pudieran acumular.

ratón de laboratorio

Fuente: Wikipedia

Cuando estos 45 ratones volvieron a nuestro planeta, tras completar 477 órbitas a su alrededor, se encontró que solo sobrevivieron 16. Es justo destacar que todos los que murieron no lo hicieron porque no resistieron las condiciones en las que permanecieron, sino también porque hubieron diversos fallos en la misión que propiciaron el fatal desenlace. Curiosamente, al contrario de lo que sucede en condiciones normales, los investigadores afirmaron que los ratones nunca se pelearon entre ellos, por lo que no murieron por agresiones de sus vecinos.

Major Tom, el ratón de tipo Black-6 que cuando solo era candidato a héroe fue bautizado con el número 50, fue uno de los supervivientes. Fue sacrificado por el bien de la ciencia, para poder analizar sus órganos, lo que llevó a la consecución de nada menos que 70 estudios realizados por investigadores de 6 países diferentes. A eso lo llamo yo donar tu cuerpo a la ciencia (aunque el pobrecillo desde luego no se presentó voluntario). Solo tenía 6 meses de edad, pero había pasado por una cirugía cardiaca, por un entrenamiento para poder viajar el espacio, por una selección de los mejores entre 300 y había vuelto de allí arriba sano y salvo. Todo un astronauta, como el Major Tom de la canción.